Arquitectura

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Arantzazu constituye un centro de arte y espiritualidad importante. Se concentra un importante patrimonio artístico en la nueva Basílica que se comenzó a edificar en 1950 y se inauguró en 1955.

 

 

 

 

 

La edificación de Laorga y Sáenz de Oiza, el ábside de Lucio Muñoz, las vidrieras de Javier Álvarez de Eulate, el friso de apóstoles de Jorge Oteiza, las puertas de Eduardo Txillida, las pinturas del camarín de Xabier Egaña, la Cripta pintada por Néstor Basterretxea, hacen de esta Basílica un centro significativo de arte vasco. En su día significó toda una revolución en la comprensión del arte religioso, haciendo del arte sagrado un lugar abierto y un espacio de acogida plural.

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