Historia

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El Santuario de Arantzazu, en el término municipal de Oñati, está colgado sobre barrancos y edificado sobre roquedales en una zona agreste y natural.

 

 

 

 

 

Aunque desde el año 1918 la Virgen de Arantzazu es patrona de Gipuzkoa, esta imagen lleva su amparo más allá del límite provincial, llegando incluso hasta América con los misioneros.
La historia nos hace remontar hasta 1469, año en que la tradición data el descubrimiento de la imagen. Cuenta esa tradición que la encontró un pastor de Uribarri que buscaba sus cabras por estos entornos. El pastor se llamaba Rodrigo de Baltzategi. Y, según esta tradición, la imagen estaba dejada en un espino; espino que luego ha sido utilizado como imagen de la vida. Y a decir verdad, en Arantzazu abundan los arantza o espinos.
La realidad es que desde estas primeras fechas se movilizaron los pueblos de Oñati y Arrasate y comenzaron a peregrinar a este lugar singular. El pueblo de Oñati envió al lugar a Juana de Arriarán con unas cuantas ayudantes para cuidar la imagen y hacerse cargo de la acogida de los peregrinos que llegaban cada vez en mayor número. Desde el año 1501, los franciscanos tienen el permiso papal para permanecer en Arantzazu, y así lo han hecho durante más de 500 años.
Arantzazu tiene una historia grande. Historia espiritual y cultural muy rica. Ha sido centro de numerosas peregrinaciones y lugar de encuentro para los vascos. La historia cultural del Santuario ha sido significativa en cuanto a la literatura vasca, la música, el arte. Arantzazu no solo sobrevivió a tres incendios importantes (1553, 1622 y 1834), sino que salió fortalecido de ellos, gracias precisamente a los peregrinos y amantes que levantaron un Arantzazu cada vez más bello.

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